jueves, 21 de marzo de 2013

Notas, exámenes, estudios y lo que te dicen tus padres

Señores, se acerca la Semana Santa, y con ella las notas de la 2º evaluación. La amplia mayoría solemos decir: Bueno, ya se que me quedan no sé ni cuántas pero bah, ya recuperaré.
No nos engañemos. Seguro que en el fondo, muy en el fondo lo que quieres es aprobar y con buenas notas para que puedas tener unas vacaciones chachis y tus padres estén contentos. Bien, planteemos tres situaciones:

Situación 1:
Eres un/a chico/a que solía sacar buenas notas estudiando lo que se suele decir "poco". Acabas de llegar a (por ejemplo) 4º de la ESO y has hincado codos más tiempo. Llega el examen, repasas los últimos cinco minutos y ya estás listo para entrar al examen. ¿Qué ocurre cuando te lo ponen delante? Te pones nervioso/a, te bloqueas, y los primeros 10 minutos te los pasas intentando recordar todo lo que te sabías anteriormente. ¿Cuál es el resultado de ese examen, que te has empollado, que creías que había ido bien, que tanto te costó? Probablemente un 4 o un 4,5. Ni siquiera apruebas. O bien normalmente sacas un 8 y esta vez has sacado un 5. Llegas a tu casa, les cuentas a tus padres la nota y se monta la de San Quintín. Una vez se les ha pasado el cabreo, te llaman, y te preguntan: ¿Qué ha pasado? A lo que tú respondes: No lo sé. No tengo ni idea. Y es la verdad más grande que ha salido por tu boca.
¿Razón por la cuál te ha pasado eso? No lo sabes ni tú. Quizás fuesen los nervios, quizás la presión... el caso es que tus padres no te han apoyado aún sabiendo que te lo habías currado

Situación 2:
Eres un/a chico/a que siempre ha sacado notables o bien. Para este examen (el mismo que el de la situación uno y en el mismo curso) has estudiado bastante, pero quizás no tanto como el Estudiante 1. Llega tu examen, lo pones todo ahí al tuntún y como quede y ahí tienes tu 4,75. ¿Qué ha pasado? Ay mi niño pues ni idea. Ni lo sabes tú, ni el que se lo ha currado y ha suspendido, ni lo sabe Dios. Pero ahí esta tu nota. Y ahí estarán tus padres diciendo: Bueno, ya saldrá mejor la próxima vez. Sigue esforzándote

Situación 3:
Eres un/a pasota de esos de los que el profesor ya ni hace caso y ese examen te lo has mirado unos tres minutos antes por los apuntes del cerebrito de la clase. Te haces tu chuleta a lo rápido y como quede, examen pimpán y tienes un 4.5 o un 5. ¿Qué te pasa? Que a ti te resbala, lo importante es aprobar. Y como tus padres tampoco es que se preocupen mucho pues da lo mismo.

Situación 4:
Eres un/a chico/a que siempre, pero SIEMPRE saca 9 o 10. Llega este examen te lo empollas los dos últimos días, te coges 3 horas y sacas tu 9 redondito, bonito, perfecto, porque se te olvidaron un par de faltas y tuviste un diminuto fallo de expresión. Supongo que en este caso no hará falta poner pegas, ni conclusiones, tienes una mente prodigiosa y a viaje.

¿Qué sacamos en claro de todo esto? Que muchas veces los nervios pueden jugarte malas pasadas, que el que tus padres estén ahí apoyándote y el que tengas "suerte" son factores que realmente influyen en tus notas.
Y sí, todo esto está basado en hechos reales, pero que nadie se me ofenda por dios. Suerte a todos con las notas :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario